Miente
de forma más que evidente aquél que afirme que la Historia es una línea
continua e invariable. La Historia, como todas esas llamadas ciencias sociales, no se atiene a datos
y hechos objetivos, sino que de forma más bien humanística reinterpreta a
través de las voces de la gente (y también de los voceros), la realidad de un
momento histórico. La historia es de
quien la cuenta.
Poco
o nada tiene que ver, en muchos casos, la realidad de un personaje con el
recuerdo que se guarda de él, para bien o para mal. Tendemos, como seres
humanos que somos, a apreciar de sobremanera los aspectos positivos, mientras
que los errores pueden llegar a diluirse de forma más o menos importante… eso,
cuando no son esos mismos errores los que nos hacen acordarnos de alguien en
particular –¿quién se acordaría de gente como Franz Von Papen, si no fuera
porque afirmó que “los católicos alemanes apoyar[ían] con toda [su] alma y
plena convicción a Adolf Hitler y su gobierno”?-.
Podríamos
escribir listas interminables de gente que, en su vida profesional, fue
criticada y humillada hasta aborrecer, mientras que el paso del tiempo permitió
que fueran valoradas precisamente por aquello por lo que un día fueron
sometidas a linchamiento público. No me extenderé con los ejemplos, pero van
desde Galileo, obligado a retractarse de sus postulados en vida, y al que se
pidió perdón con el paso de unos insignificantes 376 años, a grandes figuras de
la política del siglo XX.
Cuando
en el año 1979, en plena guerra fría y con el mundo bailando entre dos bloques,
Jimmy Carter se negó a financiar el régimen dictatorial de Somoza, en
Nicaragua, el país se le echó encima por permitir que se perdiera un aliado
tradicional del los EEUU, que iba a ser reemplazado por un satélite de la URSS. Se percibió como una auténtica bajada de
pantalones del presidente demócrata, un error elemental en su política
exterior, mientras que él lo dejó claro en todo momento: es inconcebible
alimentar una dictadura, por muy aliada que sea.
Contra
él, en 1980, una exultante Reagan basó su programa electoral en el más simple y
populista de los eslóganes: “america is
back”. Nada más que eso le fue suficiente, al tiempo que posaba con
sombreros de vaquero. Por supuesto: victoria aplastante. Más de ocho millones
de votos de diferencia marcaron la victoria del republicano. ¿Su política?
Recortar la sanidad pública, las ya limitadas prestaciones sociales, y destinar
el dinero a lo realmente importante: financiar el terrorismo de estado. Así se
organizó la Contra, que (al fin) derrocó a los malévolos Sandinistas,
eliminando por fin un aliado más a la URSS. Y con la calderilla que le sobraba,
decidió financiar más desarrollo armamentístico con el que hacer frente a la
amenaza soviética, y sobre todo, puso a punto la SDI, o iniciativa de defensa
estratégica, más conocida como Star Wars (ya se sabe, entre actores anda el
juego), que sirvió para dejar KO a la URSS.
La
decisión democrática de Jimmy Carter fue percibida como una traición y una
cobardía, mientras que el patrioterismo barato de Reagan le permitió vapulear a
su contrincante en las elecciones. En su momento, Carter era un cobarde y un
traidor, y Reagan la esperanza del cambio… ¿no os suena a nada?
Ahora
bien, a posteriori ¿a qué conclusión hemos llegado?: ¿es lícito que la política
exterior se base en la financiación de dictadores? ¿No se supone que anteponer
el bien común al particular es una actitud valorada y valiente? Decidan
ustedes, pero solo les daré una pista: Carter recibió en 2002, 22 años después
de dejar el gobierno, el Nobel de la Paz, por su apuesta por la resolución
pacífica de los conflictos mundiales, la defensa de los derechos humanos y la
democracia. ¿Y qué nos quedó de Reagan? La ruina provocada por su gobierno
neoliberal.
Hoy,
en esta España convulsa que no sabe donde va, ni como saldrá de una crisis que
nos dio en la cara como un puñetazo desprevenido, nos pasa lo mismo. Cambiemos
los sombreros de Reagan y su discurso patriótico,
por las promesas de Rajoy. La gente se sentía engañada por Carter, y no
supieron entender el por qué de sus decisiones. Confiaron en Reagan, como
muchos españoles dicen confiar en Rajoy… ¿y que les consiguió el ex actor? La
guerra de las galaxias.
Por
mucho que creamos que nuestras opiniones de hoy son firmes, es necesario que
pase el tiempo, se templen los ánimos, y sobre todo: es necesario que lo que se
hizo hoy dé sus frutos, para que podamos juzgar realmente lo que el gobierno ha
hecho este ultimo tiempo. Y tengo la firme convicción de que, al igual que le
pasó Schroeder cuando reformó el sistema financiero y productivo alemán
levantando críticas incesantes (cuando es precisamente eso lo que ha permitido
en parte que Alemania gestione mejor la crisis), en el futuro nos daremos
cuenta de la apuesta valiente y responsable de Zapatero.
“Señor
Rodríguez… Rubalcaba, hay 5 millones de parados”, diría Rajoy ante lo que acabo
de explicar, enfundándose su sombrero de chico cow-boy. Y sí, es dramático,
pero los políticos responsables no son los que prometen tres millones y medio
de empleos que, de antemano se saben imposibles de crear, sino aquellos que
piensan en el futuro de un Estado, y hacen lo que sea necesario para mantener
su sostenibilidad y su permanencia a largo plazo.
Por
eso, porque al igual que Carter, pensó que los principios eran más importantes
que animar a las masas con pan y circo, creo que la historia será justa con
Zapatero.
Punto&Coma escucha... Intro - The XX

2 comentarios:
Hitler era Socialista mal que nos pese...de hecho sus ideas surgían de la errónea interpretación de pensadores socialistas....y por supuesto no hay que meter a los católicos en el ajo...seria como decir que todos loa musulmanes son terroristas y todos los judíos asesinos
No entiendo tu referencia... Si hablas de la cita de Franz Von Papen, creo que la has malinterpretado. Lo que quería era poner un ejemplo de como alguien puede ser recordado únicamente por sus errores (en este caso, decir semejante animalada).
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