miércoles 23 de noviembre de 2011

Yema de rosa




Las derrotas electorales, y más cuando son del calibre de la que sufrió el PSOE el pasado 20N, suelen sumir a los partidos en procesos catárquicos de lucha consigo mismos, y de los que puede resurgir un nuevo partido, o hacer que éste desaparezca por completo (como le pasó a la joven UCD). El escoger uno u otro camino depende del enraizamiento del mismo en la sociedad, y de cómo éste refleje las necesidades de la gente. Así que con sus 132 años de historia, y siete millones de personas depositando su confianza en el PSOE, pese a haber sido desgastado hasta el límite por la crisis, creo que no cabe duda que el partido seguirá la primera senda.

La era de Zapatero, el Zapaterismo (al igual que tuvimos nuestro Felipismo), ha muerto definitivamente. Probablemente no lo hizo el 20N, sino mucho antes. Ese día en que nuestro presidente decidió inmolarse públicamente –él, y su partido- a cambio de evitar el rescate financiero que hoy sufren algunos de nuestros vecinos más cercanos.
Que el Zapaterismo haya muerto no significa que haya que desechar lo hecho por nuestro presidente, sino que él ya no está en condiciones de reflejar la necesidad de una sociedad que ya no le comprende. Por eso, Rubalcaba no será mi candidato a secretario general. Porque, si bien es, en mi opinión, uno de los hombres más válidos y capaces de la política de este país y del PSOE, su tiempo ya ha pasado. El 20N Rubalcaba presentó su proyecto y su herencia a los ciudadanos, que renegaron de él. Los motivos son muchos, y no todos son tan razonables como algunos esperan hacernos creer, pero en cualquier caso, Rubalcaba ya no está en disposición de convertirse en la punta de lanza del PSOE. Me apasiona su proyecto, pero es evidente que ya no conecta con la gente.

Las terceras vías parecen haber pasado a la historia de nuestro partido. Con grandeza, sí, pero pasada. Ahora llega un momento de gran oportunidad para el Partido Socialista. Es el momento de dejar de lado las medias tintas, las ambigüedades, y de reafirmarse en lo que somos y en lo que creemos la gran mayoría de aquellos que componemos el PSOE. El viaje hacia el centro es infructuoso, porque nos hace perder a aquellos que siempre creyeron en nosotros, y no atrae a los que ya tienen su opinión representada. Por eso, al igual que muchos otros de los que somos PSOE, me reafirmo en la creencia de que solo un partido hecho desde los militantes podrá recuperar la confianza de la mayoría.
Por eso espero que el secretario general que salga elegido en el 38º Congreso del PSOE tenga la oportunidad de hacer lo que en su día hizo un desconocido Zapatero, que llegó a la cabeza de su partido sin esperarlo. Se debe crear desde cero un proyecto innovador, diferente e ilusionante, quemando el óxido que ha hecho que nuestros engranajes dejen de ser eficientes.