domingo 27 de noviembre de 2011

Crisis


Pasada la resaca electoral, creo que es conveniente que Voices&Whispers retome la actividad para la que fue creado… opinar, denunciar y luchar para que aquello que denunciamos, cambie.

Para los que me habéis leído en más ocasiones, los que me seguís desde hace tiempo, o los que me conocéis personalmente, sabéis que no es mi estilo andarme con demasiadas sutilezas. En el mundo en el que vivimos es necesario de vez que en cuando que las cosas se digan tal y como se piensan, porque es de un paternalismo insultante, por parte del que se sienta delante del teclado, intentar proteger de alguna manera al lector, como si en el fondo se pensase que uno, por el hecho de escribir, es más inteligente que aquél que nos lee.
Este discurso viene por la foto que os muestro bajo estas líneas. Sí, no es agradable; pero ya ha ocurrido en el pasado en V&W, se deben mostrar las cosas tal y como son, aunque a veces duelan.




El perro que os muestro es lo que queda después de una broma. Sí, sí. Un par de niños decidió que lo más entretenido que podían hacer era meterle a un perro desconocido un par de petardos en la boca, y cerrársela para que no pudiera abrirla.
La juerga terminó como veis: con un animal desfigurado, en cuyos ojos solo percibimos la impotencia del que no entiende el porqué.
En los últimos tiempos una palabra ha monopolizado todas nuestras conversaciones, los titulares, y hasta nuestros sueños: crisis. Es oír la trágica palabra y pensar en deuda, prima de riesgo, y demás palabros que antes solo usaban los economistas, y que aún solo ellos son capaces de entender realmente.
Pero desde hace muchos años, nuestro país y nuestra cultura son víctimas de una crisis, en mi opinión, mucho más profunda y dañina: la crisis ética. Esa que va permitiendo que poco a poco el sentimiento de civismo, de educación, de respeto, pase a ser una excepción en el mar de energúmenos que nos rodea.
Porque estoy seguro de que a ninguno de esos dos niños se le ocurrió pensar que ese perro también sentía, y que iba a sufrir tanto como cualquier otro ser vivo cuando una parte de sí mismo explotase. Y probablemente, si no lo pensaron, fue porque jamás en su casa se les explicó que el respeto también incluye a los animales. Que no se considera divertido ver como la boca de un perro se hace añicos, al igual que no lo es tirarle piedras a los gatos, o arrojar ovejas desde los campanarios.

Parece elemental para muchos, pero cada día somos testigos de la crisis tan profunda que vivimos: padres que amenazan a profesores, alumnos que agreden a sus maestros, gente más preocupada por ver el fútbol que por pasar un rato con sus hijos… En este país que consideramos desarrollado, el incivismo campa a sus anchas y amenaza con convertir la excepción en norma.
Algunos de los cornetas de esa España rancia que hoy parece más henchida que nunca acusaron de forma ininterrumpida a los inmigrantes de pervertir la cultura y el sentir español, pero hacen oídos sordos ante lo que es una degeneración, por parte de la sociedad española, del espíritu ciudadano de respeto  mutuo, y los valores que día a día se van perdiendo – porque aunque a algunos les parezca increíble, la gente de izquierdas también defiende los valores, eso sí, de civismo, igualdad, y tolerancia-.
Y es muy preocupante que hoy importe más el dinero que la educación.



miércoles 23 de noviembre de 2011

Yema de rosa




Las derrotas electorales, y más cuando son del calibre de la que sufrió el PSOE el pasado 20N, suelen sumir a los partidos en procesos catárquicos de lucha consigo mismos, y de los que puede resurgir un nuevo partido, o hacer que éste desaparezca por completo (como le pasó a la joven UCD). El escoger uno u otro camino depende del enraizamiento del mismo en la sociedad, y de cómo éste refleje las necesidades de la gente. Así que con sus 132 años de historia, y siete millones de personas depositando su confianza en el PSOE, pese a haber sido desgastado hasta el límite por la crisis, creo que no cabe duda que el partido seguirá la primera senda.

La era de Zapatero, el Zapaterismo (al igual que tuvimos nuestro Felipismo), ha muerto definitivamente. Probablemente no lo hizo el 20N, sino mucho antes. Ese día en que nuestro presidente decidió inmolarse públicamente –él, y su partido- a cambio de evitar el rescate financiero que hoy sufren algunos de nuestros vecinos más cercanos.
Que el Zapaterismo haya muerto no significa que haya que desechar lo hecho por nuestro presidente, sino que él ya no está en condiciones de reflejar la necesidad de una sociedad que ya no le comprende. Por eso, Rubalcaba no será mi candidato a secretario general. Porque, si bien es, en mi opinión, uno de los hombres más válidos y capaces de la política de este país y del PSOE, su tiempo ya ha pasado. El 20N Rubalcaba presentó su proyecto y su herencia a los ciudadanos, que renegaron de él. Los motivos son muchos, y no todos son tan razonables como algunos esperan hacernos creer, pero en cualquier caso, Rubalcaba ya no está en disposición de convertirse en la punta de lanza del PSOE. Me apasiona su proyecto, pero es evidente que ya no conecta con la gente.

Las terceras vías parecen haber pasado a la historia de nuestro partido. Con grandeza, sí, pero pasada. Ahora llega un momento de gran oportunidad para el Partido Socialista. Es el momento de dejar de lado las medias tintas, las ambigüedades, y de reafirmarse en lo que somos y en lo que creemos la gran mayoría de aquellos que componemos el PSOE. El viaje hacia el centro es infructuoso, porque nos hace perder a aquellos que siempre creyeron en nosotros, y no atrae a los que ya tienen su opinión representada. Por eso, al igual que muchos otros de los que somos PSOE, me reafirmo en la creencia de que solo un partido hecho desde los militantes podrá recuperar la confianza de la mayoría.
Por eso espero que el secretario general que salga elegido en el 38º Congreso del PSOE tenga la oportunidad de hacer lo que en su día hizo un desconocido Zapatero, que llegó a la cabeza de su partido sin esperarlo. Se debe crear desde cero un proyecto innovador, diferente e ilusionante, quemando el óxido que ha hecho que nuestros engranajes dejen de ser eficientes.





miércoles 9 de noviembre de 2011

La historia te hará justicia, Presidente


Miente de forma más que evidente aquél que afirme que la Historia es una línea continua e invariable. La Historia, como todas esas llamadas ciencias sociales, no se atiene a datos y hechos objetivos, sino que de forma más bien humanística reinterpreta a través de las voces de la gente (y también de los voceros), la realidad de un momento histórico. La historia es de quien la cuenta.
Poco o nada tiene que ver, en muchos casos, la realidad de un personaje con el recuerdo que se guarda de él, para bien o para mal. Tendemos, como seres humanos que somos, a apreciar de sobremanera los aspectos positivos, mientras que los errores pueden llegar a diluirse de forma más o menos importante… eso, cuando no son esos mismos errores los que nos hacen acordarnos de alguien en particular –¿quién se acordaría de gente como Franz Von Papen, si no fuera porque afirmó que “los católicos alemanes apoyar[ían] con toda [su] alma y plena convicción a Adolf Hitler y su gobierno”?-.
Podríamos escribir listas interminables de gente que, en su vida profesional, fue criticada y humillada hasta aborrecer, mientras que el paso del tiempo permitió que fueran valoradas precisamente por aquello por lo que un día fueron sometidas a linchamiento público. No me extenderé con los ejemplos, pero van desde Galileo, obligado a retractarse de sus postulados en vida, y al que se pidió perdón con el paso de unos insignificantes 376 años, a grandes figuras de la política del siglo XX.

Cuando en el año 1979, en plena guerra fría y con el mundo bailando entre dos bloques, Jimmy Carter se negó a financiar el régimen dictatorial de Somoza, en Nicaragua, el país se le echó encima por permitir que se perdiera un aliado tradicional del los EEUU, que iba a ser reemplazado por un satélite de la URSS. Se percibió como una auténtica bajada de pantalones del presidente demócrata, un error elemental en su política exterior, mientras que él lo dejó claro en todo momento: es inconcebible alimentar una dictadura, por muy aliada que sea.
Contra él, en 1980, una exultante Reagan basó su programa electoral en el más simple y populista de los eslóganes: “america is back”. Nada más que eso le fue suficiente, al tiempo que posaba con sombreros de vaquero. Por supuesto: victoria aplastante. Más de ocho millones de votos de diferencia marcaron la victoria del republicano. ¿Su política? Recortar la sanidad pública, las ya limitadas prestaciones sociales, y destinar el dinero a lo realmente importante: financiar el terrorismo de estado. Así se organizó la Contra, que (al fin) derrocó a los malévolos Sandinistas, eliminando por fin un aliado más a la URSS. Y con la calderilla que le sobraba, decidió financiar más desarrollo armamentístico con el que hacer frente a la amenaza soviética, y sobre todo, puso a punto la SDI, o iniciativa de defensa estratégica, más conocida como Star Wars (ya se sabe, entre actores anda el juego), que sirvió para dejar KO a la URSS.




La decisión democrática de Jimmy Carter fue percibida como una traición y una cobardía, mientras que el patrioterismo barato de Reagan le permitió vapulear a su contrincante en las elecciones. En su momento, Carter era un cobarde y un traidor, y Reagan la esperanza del cambio… ¿no os suena a nada?
Ahora bien, a posteriori ¿a qué conclusión hemos llegado?: ¿es lícito que la política exterior se base en la financiación de dictadores? ¿No se supone que anteponer el bien común al particular es una actitud valorada y valiente? Decidan ustedes, pero solo les daré una pista: Carter recibió en 2002, 22 años después de dejar el gobierno, el Nobel de la Paz, por su apuesta por la resolución pacífica de los conflictos mundiales, la defensa de los derechos humanos y la democracia. ¿Y qué nos quedó de Reagan? La ruina provocada por su gobierno neoliberal.

Hoy, en esta España convulsa que no sabe donde va, ni como saldrá de una crisis que nos dio en la cara como un puñetazo desprevenido, nos pasa lo mismo. Cambiemos los sombreros de Reagan y su discurso patriótico, por las promesas de Rajoy. La gente se sentía engañada por Carter, y no supieron entender el por qué de sus decisiones. Confiaron en Reagan, como muchos españoles dicen confiar en Rajoy… ¿y que les consiguió el ex actor? La guerra de las galaxias.

Por mucho que creamos que nuestras opiniones de hoy son firmes, es necesario que pase el tiempo, se templen los ánimos, y sobre todo: es necesario que lo que se hizo hoy dé sus frutos, para que podamos juzgar realmente lo que el gobierno ha hecho este ultimo tiempo. Y tengo la firme convicción de que, al igual que le pasó Schroeder cuando reformó el sistema financiero y productivo alemán levantando críticas incesantes (cuando es precisamente eso lo que ha permitido en parte que Alemania gestione mejor la crisis), en el futuro nos daremos cuenta de la apuesta valiente y responsable de Zapatero.
“Señor Rodríguez… Rubalcaba, hay 5 millones de parados”, diría Rajoy ante lo que acabo de explicar, enfundándose su sombrero de chico cow-boy. Y sí, es dramático, pero los políticos responsables no son los que prometen tres millones y medio de empleos que, de antemano se saben imposibles de crear, sino aquellos que piensan en el futuro de un Estado, y hacen lo que sea necesario para mantener su sostenibilidad y su permanencia a largo plazo.
Por eso, porque al igual que Carter, pensó que los principios eran más importantes que animar a las masas con pan y circo, creo que la historia será justa con Zapatero.


Punto&Coma escucha... Intro - The XX